¿Alguna vez has recorrido tu lista de contactos lentamente, de arriba abajo? Ese momento en el que ves un nombre y tratas de recordar cuándo fue la última vez que hablasteis. En algún punto de los 40, te pasa al menos una vez.
No nos alejamos —
la vida nos llevó por caminos distintos
Las amistades de los 20 se construían por cercanía. Mismas clases, mismo trabajo, mismo barrio. No hacía falta esfuerzo, os veíais cada día. A los 40 es distinto. Algunos crían hijos, otros cuidan de sus padres, otros están absorbidos por el trabajo. Cuando las vidas dejan de coincidir, el contacto se reduce de forma natural.
“No nos perdimos.
Solo empezamos a caminar en direcciones diferentes.”
No queda energía
Los 40 lo exigen todo — trabajo, familia, salud, dinero. Solo llegar al final del día ya consume casi todo. No es falta de interés. Es falta de energía.
Es diferente, no incorrecto
Parece que al crecer juntos nos pareceríamos más. En realidad ocurre lo contrario. Cambian los valores, cambian las prioridades. Diferencias que antes no importaban empiezan a crear distancia. Y eso también forma parte.